Si bien el acceso al trabajo es un derecho universal, no siempre puede ejercerse plenamente, ya que no todas las personas tienen –real y efectivamente– las mismas oportunidades de participación en el mercado laboral.

Determinados colectivos presentan grandes dificultades para acceder y desarrollar una actividad productiva, como son las personas con problemas de salud mental. El estigma que se le impone a estas personas dificulta su participación plena en todos los ámbitos de la sociedad, perpetuando la discriminación, el aislamiento y la pobreza. A su vez, profundiza las condiciones de vulnerabilidad a las que están expuestas, produciéndose una relación circular entre desempleo y problemas de salud mental. Es allí donde es obligatorio intervenir para los servicios y programas de inserción sociolaboral para personas cuyos soportes relacionales e institucionales suelen ser frágiles e insuficientes, realizando un trabajo tanto de empoderamiento, de reconocimiento de capacidades y habilidades, como orientando en la Búsqueda de Empleo y, también, en la formación para el Empleo.

 Las personas con trastorno mental pueden trabajar y esto además es beneficioso para su salud mental. Su inserción laboral se basa en el valor del trabajo, como ocupación productiva, dentro del conjunto de intercambios sociales muy necesarios, económicos y políticos posibles, pero además ofrece empoderamiento a las personas, devolviendo el protagonismo a sus vidas a través de la construcción del propio proyecto vital, como eje de la recuperación de su propia salud.

Actualmente, en Melilla, los recursos destinados a las personas con problemas de salud mental son escasos, y ninguno específico en el acompañamiento en el proceso de inserción sociolaboral o favoreciéndola. Siendo conscientes de las cuotas para el empleo público destinadas al colectivo de personas con discapacidad, o las distintas empresas que en la ciudad favorecen de estas personas, el estigma asociado al colectivo de salud mental se mantiene, dificultando en gran medida el aprovechamiento de estas oportunidades.

Por otra parte, la crisis derivada a la pandemia y la inestabilidad tanto social como económica que ha traído consigo, ha ocasionado que personas que hasta el momento no habían presentado ninguna patología, hayan visto afectadas de algún modo en su salud mental, y quienes sí contaban con un diagnóstico, vieran empeoradas su sintomatología. De este modo, el empleo y la salud mental están enlazados en un ciclo difícil de abordar sin contar con los apoyos y los recursos necesarios. Para concluir, este programa nace para prestar ese servicio de apoyo, acompañamiento y mediación, haciéndose eco de las demandas y necesidades del colectivo, que en 2017 eligió el lema “Empleo inclusivo y sin barreras” para el Día Mundial de la Salud Mental, denunciando la situación de vulnerabilidad y discriminación al que se veían muchas veces sometido. En esta nuevas ediciones, además, es nuestra intención visibilizar la realidad de distintos sectores del colectivo como son las mujeres, las personas migrantes y las más jóvenes, con distintas acciones de sensibilización.

Entre las actividades que se lleva a cabo, destacamos:

  • Talleres de formación en habilidades para la Búsqueda de Empleo: manejo de las TICS, elaboración de currículums, talleres de habilidades sociales y empoderamiento, inscripción en portales de empleo…
  • Entrevista individuales de orientación y asesoramiento dirigidas para la inserción sociolaboral.
  • Acompañamiento en el proceso de inserción sociolaboral.
  • Intermediación entre los usuarios y las distintas administraciones u organismos.
  • Talleres de empoderamiento, autoconocimiento y de superación del estigma y autoestigma.
  • Gestión redes sociales entidad, creación de material de difusión y sensibilización para la inclusión social del colectivo, dirección portal web Actividades de sensibilización y visibilización de factores exógenos que infieren en la salud mental.